LA VIDA CAMBIA

Tantas noches sin luz, tantos días sin sol, cuanta vida sin nada.
Contemplando el reloj y dejando pasar las horas malas.
El mundo era un lugar donde hablaban de ti pero no te escuchaban.
Tú te ahogabas al son de la ira y el frío en su mirada.

Estribillo 1º:
Y de pronto saltó, como un grito tu voz, como si despertaras.
Todo está por cantar, por soñar y escribir. La vida cambia.
No le dejes vencer a quien por no tener, no le queda ni alma.
Tú lo puedes hacer, pisa fuerte y sabrás, que la vida cambia.

Ningún premio ni amor, ningún plan por venir, ni un te espero mañana.
Sólo al amanecer, sin nadie después, en tus pasos al alba.
Del rumor al dolor; el de al lado era un "dios" 
y para los demás, tú no eras nada.
No había abrazos ni amor, ni siquiera palabras.

(estribillo 1º)

Ahora no es como ayer, ahora sabes tener la frente bien alta.
Ahora decides tú, nadie más va a mandar, si te quedas o marchas.

Estribillo 2º:
Porque un día saltó, como un grito tu voz, como si despertaras.
Todo está por cantar, por soñar y escribir. La vida cambia.
No le dejes vencer a quien por no tener, no le queda ni alma.
Tú lo puedes hacer, pisa fuerte y sabrás, que la vida cambia.
Que tú vida cambia, que tú vida cambia.

Letra de la Canción "La vida cambia" de Supersingles.

ESPERANZAD@S

Siempre me ha parecido que la esperanza es uno de los valores más difíciles de acrecentar y de transmitir como persona y educador. 

Pues hay momentos de nuestra historia, en los que la incertidumbre, la desesperanza y la adversidad, son tan acuciantes que es complicado atisbar esas luces de esperanza que se encuentran en el fondo de cada corazón. Pero estar, están. Como dicen por tierras gallegas, haberlas haylas. Quizá lo que nos ocurra es que no estemos lo suficientemente acostumbrados a explorar mar adentro en busca de nuestros tesoros ocultos, que son las razones o convicciones con las que se construye el barco de nuestra esperanza. Fe, amor, vocación, misión, confianza, solidaridad, integridad, positivismo, fortaleza, abnegación, esfuerzo, entrega...y muchos más, pueden conformar parte del núcleo fundamental que nos mantenga a flote, y ser considerados no ya como algo externo a ti mismo/a, ni como una meta lejana e insustancial, sino como algo connatural que nos caracteriza e identifica. 

A menudo, la gente suele pensar que la esperanza es una creencia etérea, un mero sentimiento o una ilusión (en sentido de irreal o fantasiosa, irrealizable o imposible). Pero nada más lejos de la realidad. La esperanza es parte de nuestro ADN, pues si algo caracteriza al ser humano, desde los albores de la humanidad, es su capacidad de curar sus heridas, rehacerse, levantarse y comenzar de nuevo. Convéncete de que aunque sean grandes tus retos, más grande es tu esperanza. 

Quien descuida o a quien le arrebatan este valioso regalo, quizá por el arrastre de las poderosas corrientes de la inhumanidad, la falta de dignidad, respeto, oscuras perspectivas de futuro o la crudeza que encierra en sí misma la fragilidad de la naturaleza o la vida humana; está perdiendo una parte esencial de la vida. Quien no se acompaña de esta brújula de sentido, navega errante, sin rumbo, sin asideros (donde sujetarse) por un tiempo o quizá por demasiado tiempo. Hasta que esta extraordinaria, sobrehumana y providencial virtud o capacidad de ser esperanzad@s se vaya abriendo camino entre la espesa penumbra de los miedos, las inseguridades e incluso de injusticias, brillando tanto, que pueda servir de faro guía a otras personas que puedan hallarse desorientadas o desconcertadas.

Por corta o larga que sea nuestra travesía por el mar de la vida, no olvidemos desplegar todas nuestras velas (las del conocimiento, la espiritualidad, la capacidad de relación...) y dejarnos llevar siempre por el Viento de la esperanza.


IDENTIDAD

De forma continua, facilitamos algunos rasgos de nuestra identidad como dónde vivimos, nuestro estado civil, trabajo o estudios, datos fiscales. Pero estos rasgos no son los más significativos de lo que somos. Quizá haya personas que les cueste entender que un título de estudios no es más importante que el número de la seguridad social o el que aparece en su dni. Pues lo importante no son los papeles sino lo que hay detrás de ellos.   

Nuestros valores, nuestras convicciones y esperanzas no aparecen en la ficha del banco, en nuestro informe de vida laboral, ni se tienen demasiado en cuenta a la hora de acceder a un oficio. Y sin embargo, son los datos que conforman el ser de cada persona, su modo de entender la vida y que condicionarán sus acciones. 

Desde esta perspectiva, parece fundamental que quienes tienen la responsabilidad de educar ayuden a que desde pequeños nos preguntemos quiénes somos. Y si lo que decimos, estudiamos, escribimos o compartimos con los demás, es o no un reflejo de nuestra verdadera identidad. Y contribuir a que se vaya madurando la respuesta a esta pregunta vital que nos acompañará siempre, toda nuestra vida. 

Debemos aprender que no tiene demasiado sentido decir "yo soy así y punto" o hablar de alguien como si conociéramos a esa persona más que ella misma, o estuviera impedida de cambiar pudiendo permanecer impasible (aún no queriendo dicho cambio) ante el propio paso del tiempo o la vivencia de experiencias que pudieran haber cuestionado sus puntos de vista, bien para que hoy fueran distintos o simplemente, para haberlos reafirmado. Siempre se puede cambiar, y lo deseable es hacerlo para mejor. 

Respetar, acompañar o compartir la identidad de alguien supone valorar verdaderamente y ayudarle a cuidar su vocación, pues sólo cuando esa identidad "lo que es", se transforma en "lo que hace", se evidencia un extraordinario equilibrio entre convicción y acción, creencia y misión, de lo que ha recibido, a lo que puede aportar.

La falta de oportunidades para compartir con los demás lo que somos, las heridas, inseguridades o prejuicios, van levantando muros que cada vez más nos alejan no sólo de los demás, sino de nuestro propio ser; por ello es importante dar pasos para afirmar y reafirmar lo que somos; intentando compartir la alegría por lo que cada uno es y ha recibido como un regalo. 


PEQUEÑOS DETALLES

A veces, inmersos en los quehaceres diarios, se nos escapan pequeños gestos, palabras, detalles. Nada más importante y necesario que aprender a valorarlos y ejercitarnos en tenerlos. Aunque ser bastante olvidadizo/a, no ayuda precisamente a ello, tampoco quiere decir que el sentimiento de amor, gratitud, alegría o la intención de compartir ese momento, quede totalmente invalidado por la ausencia, retraso de estos pequeños gesto o porque no respondieron quizá a nuestras expectativas. 

Dicho lo cual, debemos saber cuanto bien se puede llegar a hacer con una sencilla mirada, una simple caricia, o un escueto mensaje. Con estos detalles renovamos nuestra amistad, confianza, cariño o disponibilidad. Nos podemos hacer presentes en la vida de quienes un día compartieron con nosotros sus preocupaciones, ilusiones y esperanzas. Gestos que quedarán grabados en el corazón como rincones casi olvidados donde el alma siempre podrá retornar en busca de paz, consuelo, de ánimo e impulso.

Pues al igual que no hay nada como volver a un lugar que no ha cambiado, para saber cuánto has cambiado tú; no hay mejor estímulo que rememorar estos pequeños detalles, para seguir caminando con la misma vida, felicidad y alegría que nos produjeron al recibirlos por vez primera. 

Pequeños en su forma pero inmensamente grandes en su significado. Un regalo del mayor amor que puede concebirse; el de la apertura de tu vida a los demás y de dar siempre lo mejor de ti. 



LAS CASUALIDADES NO EXISTEN


¿Eres de la opinión de que algo ocurre sin más? o ¿crees que todo tiene una razón y sucede por algo?. Casualidad o destino. Azar o Providencia...será una de las elecciones, más bien, una de las lecciones que la vida nos irá enseñando.

Hay muchas formas de expresar la afirmación de que las casualidades no existen. Por ejemplo, una anónimo, que parece responder a las preguntas ¿por qué suceden cosas que no comprendemos? o ¿qué sentido tiene alguna experiencia difícil, confusa o dolorosa?, nos dice: "Algún día todo tendrá sentido. Así que, por ahora, ríete ante la confusión, sonríe a través de las lágrimas y síguete recordando que todo pasa por una razón". 

Eso sí, dejando claro que ninguna experiencia mala o dificultad de salud, puede responder jamás a un "castigo" del destino, de la Naturaleza o de Dios. Sino quizá más bien a la propia debilidad de nuestra naturaleza humana. Pero ante ello, tenemos también la poderosa herramienta de nuestra capacidad de superación, de lucha y amor por la vida, y quienes la comparten con nosotros.

Precisamente de amor y del encuentro con otras personas nos habla este fragmento de "El Alquimista" de Paulo Coelho, en el que también parece afirmar que el destino responde a un plan ya trazado o escrito, en cuanto a que nunca podrá ser sólo fruto de la casualidad que se crucen los caminos de las personas: "Siempre existe en el mundo una persona que espera a otra. Y cuando estas personas se cruzan y sus ojos se encuentran, todo el pasado y todo el futuro pierde su importancia por completo, y sólo existe aquel momento y aquella certeza increíble de que todas las cosas bajo el sol fueron escritas por la misma Mano". 

Quizá el pensamiento visual que mejor refleje nuestra dificultad para afirmar totalmente convencidos y convencidas de que al final todo tiene sentido sea esta: un puzzle.


Me gusta recordar la afición de un amigo por este tipo de entretenimiento. Atreviéndose con puzzles complicadísimos de miles de pequeñas piezas, llegando a formar cuadros de más de dos y tres metros, que una vez terminados, son auténticas obras de arte, no sólo por la imagen que representan, sino más bien por la paciencia y dedicación que suponen. Todo un reto y una buena forma de aprender a afrontar la vida, desde la casualidad o desde la certeza.

Pues en cierta ocasión, nos enseñó cómo separaba las piezas por colores y formas (primero las que correspondían al marco pues eran más fácilmente distinguibles). Clasificando y separando las piezas en gran cantidad de cajas y recipientes, con las que después tenía dos maneras diferentes de actuar: una la de "probar" mecánicamente para ver si las piezas van encajando unas con otras (y casi sorprenderse de estas casualidades); y otra manera, la de "interiorizar" la imagen de obra de arte que sabía que tenía entre sus manos (aunque no pudiera verla) para ir poco a poco cumpliendo la cuidadosa misión de finalizarla, con la certeza de que todas las piezas, de un color u otro, de una forma u otra, eran importantes para que al final todo tuviera sentido. 

Nosotros también tenemos dos maneras de contemplar el puzzle de nuestra vida. Vivirlo como una sucesión mecánica de experiencias, donde a veces nos sorprende que dos momentos o hechos estén relacionados (encajen por casualidad) o tomarnos un tiempo para preguntarnos de qué gran obra formamos parte (Naturaleza, Creación, Misión...) para vivir con positividad, serenidad e intensidad cada paso o cambio de nuestra vida con la certeza de que todos ellos son importantes; con la confianza de que al final todo tenía una razón para ocurrir (aún por casualidad), aunque quizá todavía no lo podamos ver, pues esta gran obra, de la que forma parte también nuestra vida, aún no está concluida. Y todo tendrá sentido, y un sentido bueno y bello.