AULAS VACÍAS

En pocos días las aulas quedarán vacías. Será casi el final de un año cargado de experiencias.

El calor está acabando con el ánimo y la fuerza de los educadores/as, niños y jóvenes. Pero ya se acerca un merecido y necesario descanso para todos. 

Pero antes, no está demás que hagamos el esfuerzo de aprovechar esos días de aulas vacías para hacer algo de revisión y autocrítica. Y evaluar cuáles han sido los aspectos positivos y negativos de nuestra labor educativa. 

Con el silencio de esas aulas, los equipos directivos podrán realizar un primer boceto del próximo curso. Establecer prioridades, articular medios para corregir errores cometidos, de implementar el equipo docente con nuevas incorporaciones, acometer los horarios... pero sobretodo para encontrar sentido a los desvelos y calentamientos de cabeza que provocan aquellas aulas ahora habitadas por el eco.

Los docentes, ahora más ocupados en tareas administrativas, echarán la vista atrás con la satisfacción de haber dado lo mejor y seguirán mirando hacia el futuro, con preocupación pero con esperanza; con una actitud positiva que nace de su propia vocación educativa de compartir conocimiento donde hay ignorancia, de motivar donde hay desgana y corregir donde hay error.

Las aulas vacías pueden ser sinónimo de descanso pero también del esfuerzo por redescubrir nuestras propias motivaciones y de echar a volar nuestra imaginación para cuando vuelvan a ser aulas llenas de ruido y vitalidad. 

Te invito a que un día de la próxima semana, entres en una de estas aulas vacías y sepas aprovechar la última lección de este curso que quiera transmitirte.  

Que tengas buen verano. 


"RESUCITAR"

A veces, no es necesario morir para estar verdaderamente cerca de estar muerto o muerta en más de un sentido; hay dinámicas, sentimientos e impulsos que nos pueden hacer morir o que minan nuestro ánimo o nuestro espíritu hasta el punto de tener la tentación de tirar la toalla, de rendirnos (seguramente con sobrados motivos para ello). 

El sinsentido, la apatía, indiferencia, injusticia, intolerancia, ingratitud, lesionar la dignidad, el deshonor, la mentira, cobardía, silencios cómplices, pasividad agresiva o actitudes violentas, y un largo etcétera... son acciones, sentimientos y actitudes que pueden conducir a toda persona a una "muerte" espiritual, existencial, personal o psicológica, social o laboral. 

Por el contrario, encontrar el sentido último de nuestra vida o vocación, tener claras nuestras prioridades personales, conocer nuestras posibilidades, intentar mejorar en aquellos aspectos que nos resultan difíciles, caminar hacia nuestros sueños; reír, amar, dejarse cuidar, dar gracias por los regalos que la vida nos ofrece, tener la suerte de hacer nuevos amigos, trabajar con excelentes personas, depositar nuestra confianza en Dios y en todos aquellas personas o circunstancias que sean sus instrumentos; todo ello, nos puede ayudar a revivir o resucitar. 

Pueden ocurrir dos cosas: dejarnos morir o resucitar. En este tiempo, en Pascua, los cristianos hablamos de Vida y Esperanza, de cuanto podemos hacer por nosotros mismos o ayudar a los demás para que sean más felices. Ánimo y a "resucitar".



REENCUENTROS

El día que menos lo esperas, la vida te puede regalar un reencuentro. Pero si experimentas la oportunidad de vivir muchos en poco tiempo, podrás aprender, valorar y agradecer lo valiosos que verdaderamente son estos reencuentros. Lo mucho que te ayudan a seguir adelante con esperanza, alegría y positividad. 

El reencuentro con un familiar que necesita tu ayuda. Con amigos que nunca dejaron de serlo pese a la distancia. Con personas que te enseñaron sobre la vida. Reencuentros con anteriores compañeros de trabajo a quienes te sigue uniendo algo especial. Cada reencuentro con quien nos ama, que nos hace contar los días, las horas... que nos ilusiona y ensancha el alma. Reencuentros que nos hacen valorar mucho más cada momento que estamos juntos.

Gracias a los reencuentros, podemos volver a compartir nuestra vida con alguien o con muchos, sea un instante, un día, un mes o toda una vida. Ojalá al recordar tu último reencuentro, se siga dibujando una enorme sonrisa en tu corazón.