Se trata de amar en lo concreto. De un "querer" con nombre. De un te quiero para alguien.
Que será más frágil de lo que se quisiera. Imperfecto. Pero con voluntad decidida y sincera de seguir aprendiendo. De progresar adecuadamente como se decía...
Que no es resultado de nada ni fruto de sus méritos o los míos. Lo que es y "estar". Así de extraordinariamente inmerecido se siente el amor recibido como así de imposible será poder expresarlo.
No se quiere a alguien distinto ni diferente. Se quiere a quien se quiere. Amamos su mejor versión con el mismo corazón con el que aman nuestra peor imagen. Sólo quienes se aman llegan a conocerse de verdad, forjando una comunión especial. Potencian mutuamente sus virtudes y ayudan a corregirse los defectos sin tan siquiera pretenderlo.
Caminan juntos, se animan, se cuidan y protegen ante las adversidades de la vida. No llenan vacíos sino que colman cada espacio con el brillo de una cálida luz que puede dar la impresión de que aumenta o disminuye su intensidad; pero que una vez encendida jamás se apaga.
Donde cada querer es un don. Un regalo inabarcable. Y cada "te quiero" su sencillo y pequeño envoltorio.
Sobre esos propósitos que trae el nuevo año y otros que importan de verdad.
Los primeros se pueden conseguir en un año, algunos meses o incluso pocas semanas. Dicen que todo aquello que se realiza durante más de 21 días pasa a ser un hábito adquirido. Este periodo de afianzamiento de una nueva costumbre lo descubrió Maxwell Maltz, cirujano plástico de mediados del siglo XX al comprobar que sus pacientes necesitaban este tiempo para adaptarse a la nueva realidad del resultado de sus intervenciones (un nuevo rostro, una amputación...etc). Según Maltz, actuamos y sentimos no de acuerdo con la realidad, sino a la imagen que nos hemos formado de ella. Por eso necesitamos un periodo de adaptación a lo novedoso.
Estudios psicológicos más recientes sin embargo señalan una media de 66 días como periodo de afianzamiento (en un abanico que va de los 18 a los 254 días). Todo dependerá de la dificultad de la conducta que se pretende implantar y de la motivación que se tenga para ello. Pero más allá de esos deseos de cambio que surgen al inicio del año, tan bien intencionados como fugaces si falla la motivación o espíritu de sacrificio que todo cambio requiere consigo, hay otros propósitos que merece la pena no perder de vista nunca. Son los propósitos que definen y guían tu vida. Hay propósitos que necesitan toda una vida para realizarse. Por eso mismo merecen la pena. Y aportan identidad, sentido, orientación, realización, plenitud. Implican compromiso, esfuerzo, renuncias, sacrificios. En el camino te ayudan a priorizar, a desdramatizar, a pelear por un objetivo, a desgastarse felizmente por un fin. Estos propósitos también corren el peligro de ser olvidados. De posponerlos a un futuro indeterminado que en la mayoría de los casos acabará por no llegar nunca. A veces esperamos que los cambios nos lleguen por arte de magia sin percatarnos que nosotros mismos somos parte de su motor. ¿Qué tengo que hacer para redescubrir quién soy y cuál es mi misión? ¿qué valores e ideales me defienen? ¿en quiénes, en qué y cómo quiero dedicar todo mi esfuerzo y mi trabajo? ¿qué debe cambiar para retomar el camino de mi vida?. Unos propósitos y otros son muy necesarios. Pero éstos últimos son imprescindibles para no perder nuestro rumbo. Que cada nuevo año sea un paso más para vivir en plenitud los propósitos de nuestra vida. Esos que nos aportan un más (un plus). Amar más, empatizar más, ayudar más, cuidarnos más, trabajar más, sonreir más, ser más optimistas, más espirituales, generosos, solidarios...etc. Esta canción de Rozalén puede servir de motivación para dejar atrás todo lo que no vaya en sintonía con tus propósitos vitales. Escapa de miedos, quítate la venda de los ojos y visualiza tu puerta violeta hacia el cambio. Nunca es tarde.
Reflexión sobre el sentido de la Navidad. Una oportunidad para el encuentro personal con Jesús en nuestras vidas sintiéndonos parte actual de aquella historia.
Qué bonito mirar la vida valorando lo que tenemos y no fijándonos demasiado en aquello de lo que carecemos tal y como nos transmite esta canción de una Asociación de familias de personas sordas.
Un mensaje positivo y motivador que no debemos desaprovechar para aprender cuánto de bueno y bonito hay en nuestro mundo. Desde la sencillez de contemplar un amanecer, disfrutar de una sonrisa, una palabra amable o la toma de conciencia de que estando junto a... (Dios, el ser amado/a, la familia, los amigos...) no nos falta nada. Qué bonito es llegar a ese punto en nuestra vida en que no vivimos lamentando lo que no fue, llorando por los rincones por lo que no puede ser, mirando con nostalgia por lo que no volverá....sino con una mirada de esperanza hacia el futuro desde un paso firme en el presente.
Una nueva oportunidad para tomar conciencia sobre la diversidad funcional, valorando lo que la persona puede aportar más allá de pequeñas o grandes limitaciones (y todos tenemos las nuestras).
De todos los cambios podemos aprender, sean positivos o negativos. A veces, los cambios simplemente llegan a nuestra vida; sin pretenderlos, sin esperarlos, incluso sin quererlos.
Cuando son negativos desestabilizan ocasionando una vendaval de emociones que sacude en lo más profundo de nuestro ser. Obligan a empujones a salir de la zona de confort. Se ponen en cuestión prioridades vitales, actitudes y formas de hacer las cosas.
Poco a poco las cosas vuelven a su lugar, aunque algo haya cambiado y ya todo sea distinto como nos sugiere este proverbio "Aunque nada cambie, si yo cambio, todo cambia".
Piensa que los cambios son una oportunidad para reflexionar, aprender, desechar lo negativo, corregir errores; redescubrir quienes somos y quién o quienes son nuestro verdadero Amor, tomar conciencia de lo que nos libera, nos realiza y nos hace crecer como personas, como familia, como amigos, como compañeros...etc. A veces, incluso los cambios objetivamente buenos pueden desorientar. Pero debemos dejar que las cosas sigan su nuevo rumbo.
No te cierres a los cambios. No te aferres al pasado. Es tiempo de cambiar.