PRESTAR LA VOZ
Existen algunas razones positivas por las que merece la pena prestar la voz. Una de ellas es la de haber aprendido que, para que algo brille o se escuche más, en ocasiones, hay que procurar "sombra" o "silencio" a su alrededor.
Hay quienes en nuestro mundo nunca serían escuchados si otras personas no prestaran su voz acallando sus opiniones. Pienso en todas aquellas personas anónimas que desgastan su vida, silenciando la suya, para que otros disfruten de la dignidad, del respeto, del amor o el cuidado que precisan y que no tienen fuerzas para hacerse oír.

Hay quienes prestan sus manos a otras personas. Hay quienes prestan su tiempo a la ciencia y al conocimiento haciendo vida lo que otros descubrieron. También hay quienes como educadores llegan a la convicción de que el mensaje que desean transmitir es más valioso que el mensajero, y tienen sumo cuidado para que dicho mensaje no se deforme. No se trata de cobardía o falta de implicación sino de cumplir una misión de esa determinada forma porque hacerlo así también es parte de esa misma misión encomendada.
Aprendamos a valorar el criterio de quien opta por el anonimato. Una opción que no estará exenta de sinsabores. Más aún cuando la discreción, la modestia o la prudencia no parecen valorarse como virtudes sino como casi defectos. Pero todo merece la pena cuando existe un objetivo mayor.

Hay quienes prestan sus manos a otras personas. Hay quienes prestan su tiempo a la ciencia y al conocimiento haciendo vida lo que otros descubrieron. También hay quienes como educadores llegan a la convicción de que el mensaje que desean transmitir es más valioso que el mensajero, y tienen sumo cuidado para que dicho mensaje no se deforme. No se trata de cobardía o falta de implicación sino de cumplir una misión de esa determinada forma porque hacerlo así también es parte de esa misma misión encomendada.
Aprendamos a valorar el criterio de quien opta por el anonimato. Una opción que no estará exenta de sinsabores. Más aún cuando la discreción, la modestia o la prudencia no parecen valorarse como virtudes sino como casi defectos. Pero todo merece la pena cuando existe un objetivo mayor.
Vosotros, ¿a quiénes o por qué causa estaríais dispuestos a prestar vuestra voz dejando en segundo plano vuestras opiniones?.
QUERER
Se trata de amar en lo concreto. De un "querer" con nombre. De un te quiero para alguien.
Que será más frágil de lo que se quisiera. Imperfecto. Pero con voluntad decidida y sincera de seguir aprendiendo. De progresar adecuadamente como se decía...
Que no es resultado de nada ni fruto de sus méritos o los míos. Lo que es y "estar". Así de extraordinariamente inmerecido se siente el amor recibido como así de imposible será poder expresarlo.
No se quiere a alguien distinto ni diferente. Se quiere a quien se quiere. Amamos su mejor versión con el mismo corazón con el que aman nuestra peor imagen. Sólo quienes se aman llegan a conocerse de verdad, forjando una comunión especial. Potencian mutuamente sus virtudes y ayudan a corregirse los defectos sin tan siquiera pretenderlo.
Caminan juntos, se animan, se cuidan y protegen ante las adversidades de la vida. No llenan vacíos sino que colman cada espacio con el brillo de una cálida luz que puede dar la impresión de que aumenta o disminuye su intensidad; pero que una vez encendida jamás se apaga.
Donde cada querer es un don. Un regalo inabarcable. Y cada "te quiero" su sencillo y pequeño envoltorio.
PROPÓSITOS
Los primeros se pueden conseguir en un año, algunos meses o incluso pocas semanas. Dicen que todo aquello que se realiza durante más de 21 días pasa a ser un hábito adquirido. Este periodo de afianzamiento de una nueva costumbre lo descubrió Maxwell Maltz, cirujano plástico de mediados del siglo XX al comprobar que sus pacientes necesitaban este tiempo para adaptarse a la nueva realidad del resultado de sus intervenciones (un nuevo rostro, una amputación...etc). Según Maltz, actuamos y sentimos no de acuerdo con la realidad, sino a la imagen que nos hemos formado de ella. Por eso necesitamos un periodo de adaptación a lo novedoso.
Estudios psicológicos más recientes sin embargo señalan una media de 66 días como periodo de afianzamiento (en un abanico que va de los 18 a los 254 días). Todo dependerá de la dificultad de la conducta que se pretende implantar y de la motivación que se tenga para ello.
Pero más allá de esos deseos de cambio que surgen al inicio del año, tan bien intencionados como fugaces si falla la motivación o espíritu de sacrificio que todo cambio requiere consigo, hay otros propósitos que merece la pena no perder de vista nunca. Son los propósitos que definen y guían tu vida.
Hay propósitos que necesitan toda una vida para realizarse. Por eso mismo merecen la pena. Y aportan identidad, sentido, orientación, realización, plenitud. Implican compromiso, esfuerzo, renuncias, sacrificios. En el camino te ayudan a priorizar, a desdramatizar, a pelear por un objetivo, a desgastarse felizmente por un fin.
Estos propósitos también corren el peligro de ser olvidados. De posponerlos a un futuro indeterminado que en la mayoría de los casos acabará por no llegar nunca. A veces esperamos que los cambios nos lleguen por arte de magia sin percatarnos que nosotros mismos somos parte de su motor. ¿Qué tengo que hacer para redescubrir quién soy y cuál es mi misión? ¿qué valores e ideales me defienen? ¿en quiénes, en qué y cómo quiero dedicar todo mi esfuerzo y mi trabajo? ¿qué debe cambiar para retomar el camino de mi vida?.
Unos propósitos y otros son muy necesarios. Pero éstos últimos son imprescindibles para no perder nuestro rumbo. Que cada nuevo año sea un paso más para vivir en plenitud los propósitos de nuestra vida. Esos que nos aportan un más (un plus). Amar más, empatizar más, ayudar más, cuidarnos más, trabajar más, sonreir más, ser más optimistas, más espirituales, generosos, solidarios...etc.
Esta canción de Rozalén puede servir de motivación para dejar atrás todo lo que no vaya en sintonía con tus propósitos vitales. Escapa de miedos, quítate la venda de los ojos y visualiza tu puerta violeta hacia el cambio. Nunca es tarde.
Pero más allá de esos deseos de cambio que surgen al inicio del año, tan bien intencionados como fugaces si falla la motivación o espíritu de sacrificio que todo cambio requiere consigo, hay otros propósitos que merece la pena no perder de vista nunca. Son los propósitos que definen y guían tu vida.
Hay propósitos que necesitan toda una vida para realizarse. Por eso mismo merecen la pena. Y aportan identidad, sentido, orientación, realización, plenitud. Implican compromiso, esfuerzo, renuncias, sacrificios. En el camino te ayudan a priorizar, a desdramatizar, a pelear por un objetivo, a desgastarse felizmente por un fin.
Estos propósitos también corren el peligro de ser olvidados. De posponerlos a un futuro indeterminado que en la mayoría de los casos acabará por no llegar nunca. A veces esperamos que los cambios nos lleguen por arte de magia sin percatarnos que nosotros mismos somos parte de su motor. ¿Qué tengo que hacer para redescubrir quién soy y cuál es mi misión? ¿qué valores e ideales me defienen? ¿en quiénes, en qué y cómo quiero dedicar todo mi esfuerzo y mi trabajo? ¿qué debe cambiar para retomar el camino de mi vida?.
Unos propósitos y otros son muy necesarios. Pero éstos últimos son imprescindibles para no perder nuestro rumbo. Que cada nuevo año sea un paso más para vivir en plenitud los propósitos de nuestra vida. Esos que nos aportan un más (un plus). Amar más, empatizar más, ayudar más, cuidarnos más, trabajar más, sonreir más, ser más optimistas, más espirituales, generosos, solidarios...etc.
Esta canción de Rozalén puede servir de motivación para dejar atrás todo lo que no vaya en sintonía con tus propósitos vitales. Escapa de miedos, quítate la venda de los ojos y visualiza tu puerta violeta hacia el cambio. Nunca es tarde.
REFLEXIÓN DE NAVIDAD
Reflexión sobre el sentido de la Navidad. Una oportunidad para el encuentro personal con Jesús en nuestras vidas sintiéndonos parte actual de aquella historia.
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